En enero de 2007, el Comité por una Internacional de Trabajadores (CWI) tuvo su 9° Congreso Mundial. A este evento asistieron delegados de Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Chile, Chipre, Republica Checa. Inglaterra y Gales, Francia, Alemania, Grecia, India, Irlanda, Israel, Italia, Cachemira, Kazajastán, Malasia, Holanda, Nigeria, Pakistán, Polonia, Portugal, Rusia, Escocia, Sri Lanka, Suecia, Ucrania, EEUU y Venezuela. El Congreso tuvo una duración de una semana. Debatió y discutió los principales asuntos que enfrenta la clase trabajadora a nivel internacional y las tareas para el CIT, y los trabajadores y jóvenes que quieren luchar por un mundo socialista.
Estamos publicando aquí el documento “Resolución sobre la CEI (ex Unión Soviética)”. Este documento fue objeto de debate, discusión y ha sido enmendado. Esta es la versión final del documento. Pronto publicaremos otros documentos del Congreso Mundial del CIT.
Una década y media después del colapso del estalinismo y la restauración del capitalismo, la vida para el grueso del pueblo de la antigua Unión Soviética continúa siendo una de dureza y explotación sin fin. Mucha gente se enfrenta al "horror sin fin" generalmente asociado al "Tercer Mundo": corrupción extendida, conflictos nacionales y étnicos, pobreza horrorosa, enfermedades y caída en la esperanza de vida. Elementos de barbarie aparecen a través de la región.
Por supuesto la Comunidad de Estados Independientes (CEI – la mayor parte de la antigua Unión Soviética), es una vasta región, que comprende 11 estados, muchos de los cuales tienen repúblicas interiores, y con muchas nacionalidades, grupos étnicos y lenguas. Hay importantes diferencias entre cada país. Pero también hay tendencias claramente comunes. Esto incluye el crecimiento económico basado en un solo sector en muchos estados de la CEI (principalmente en los países ricos en recursos naturales); enormes desigualdades sociales; el alza del chovinismo y el racismo; el aumento del autoritarismo de estado; tensiones profundizándose entre una Rusia asertiva y otros países en la región, así como una intensa intromisión de potencias imperialistas; y el desarrollado de movimientos de oposición popular y luchas de trabajadores. Aunque las organizaciones independientes de trabajadores todavía están en una etapa formativa, los levantamientos sociales que se avecinan transformaran la lucha de clases – aunque no de una manera lineal hacia delante – presentando nuevas oportunidades a las fuerzas del genuino Marxismo Revolucionario.
En los años 80 la burocracia estalinista gobernante se movió hacia la liquidación final de las conquistas de la Revolución Rusa y hacia la restauración de las relaciones de mercado capitalista en la Unión Soviética y en Europa del Este. Después de 1991, el presidente Boris Yeltsin lanzó la economía de mercado en serio, "liberando" precios y con privatizaciones masivas. Las industrias de propiedad estatal y los recursos naturales fueron rematados a precios viles o simplemente robados, mientras los trabajadores que dependían de salarios fijos enfrentaron una inmensa caída de sus condiciones de vida como resultado de la hiperinflación. La región fue abierta al capital extranjero e instituciones occidentales, desde el FMI al G8.
Un pequeño grupo de oligarcas acumularon vastos intereses en recursos naturales, banca e industria. En el punto más alto de su éxito, apenas una docena de personas controlaban el 85% del valor del sector privado de Rusia. La transferencia de riqueza fue conducida no solamente por medio de las privatizaciones, sino también por la hiperinflación, la devaluación de los fondos de pensiones y por bandidaje descarado. Muchos trabajadores y pensionados fueron empobrecidos Esto culminó en el colapso simultaneo del rublo, el impago de los bonos del gobierno y el no pago a sus acreedores por parte de compañías locales. Esto afectó severamente la inversión extranjera y deprimió aún más la economía. En el invierno de 1998, la ex superpotencia fue obligada a pedir ayuda internacional.
Paradójicamente, la pronunciada devaluación del rublo, en Agosto de 1998, relanzó la competitividad de los productores domésticos, y ayudó a restaurar la industria local rusa. Junto con los ingresos disparados de petróleo y gas, esto provocó una recuperación económica parcial, que impulsó los ingresos estatales y permitió a Rusia pagar sus deudas internacionales. El PIB subió a 8.3% en el 2000, 5% en 2001, 4.3% en 2002 y 6.8% en 2003. Su Bolsa de Valores estuvo entre las de mejor desempeño en el mundo durante cuatro años. El rublo se mantuvo estable desde el 2000. Los negocios crecieron, y hubo un alza en empleos y nivel de salarios.
Aún así, la economía Rusa sigue siendo mucho más pequeña que los otros países del G8, y medido de acuerdo con ingresos per cápita, el ingreso es menos que un décimo de los niveles del G8. El tamaño total de la economía también es también es más pequeño que lo que fue hace quince años. La corrupción sigue siendo abundante y se estima que la "economía oculta" significa entre un tercio a la mitad de la economía.
En el verano de 2006, Rusia sobrepasó a Arabia Saudita, como el productor más grande en el mundo de petróleo, y casi es el productor más importante de gas en el mundo. Gazprom controla el 22% de la producción mundial de gas natural y significa el 8% del PIB de Rusia. Pero Rusia, como las otras ex Repúblicas Soviéticas con petróleo y gas, tiende a tener economías muy inclinadas hacia el lado. La inversión permanece concentrada en petróleo y gas, mientras continúa la pérdida de puestos de trabajo en la industria. El país tiene record de superávit de cuenta corriente, y está comenzando a atraer flujos sustanciales de capital, incluyendo inversión extranjera directa. Mientras el régimen de Putin espera que este sea el incremento que necesita desesperadamente de inversión y modernización, las nuevas inversiones aumentan la presión sobre la inflación y la tasa de cambio real. Otras industrias no energéticas encuentran cada vez más difícil encontrar capital de inversión.
Una caída en los precios del petróleo, incluso una disminución relativamente pequeña, tendrá enormes consecuencias para la economía rusa. La inversión y el crecimiento de Rusia pueden caer abruptamente si los precios del petróleo caen. Una gran caída en los precios mundiales de la energía, donde hay especulación masiva, podría provocar tormentas en los mercados financieros mundiales.
Fuera del sector petrolero, ha habido mucha expansión en la construcción financiada por el estado. Esto está provocando una fiebre especulativa, con los precios de las propiedades en Moscú subiendo un 90% en los primeros ocho meses de 2006. La actual bonanza de ingresos permitió al régimen de Putin lanzar cuatro "proyectos nacionales", (con un ojo en las próximas elecciones), con US$ 6 billones destinados, supuestamente, a permitir viviendas de buena calidad, cuidados de salud y educación, y el desarrollo del sector agrícola. Aunque hay algunos cambios superficiales y ampliamente publicitados, los proyectos están vinculados a "reformas" neo liberales, y mucho del dinero es acaparado por burócratas.
Aunque las condiciones que provocaron el colapso del rublo en 1998 (en especial, la inmensa pirámide de deudas estatales) no existen hoy en día, hay otros elementos de inestabilidad potencial que podrían causar dificultades reales a la economía, como los créditos incobrables y el boom de compras a créditos. Más importante es el colapso potencial del mercado inmobiliario. Incluso sin esos problemas potenciales, la dependencia de Rusia de las exportaciones de energía y materias primas hacen a la economía extremadamente vulnerable. Tanto si hay precios de energía altos como bajos, la anarquía del capitalismo significa desigualdad, inseguridad, pobreza y desempleo para millones de rusos.
La diferencia de ingresos entre la parte inferior y el 10% superior de la población rusa, se ha más que triplicado desde fines de los 80 de 1 a 4, pasó a 1 a 14. Mientras Rusia tienen 88.000 euro millonarios y Moscú más billonarios (25) que cualquier otra ciudad después de New York, el salario promedio mensual es equivalente a €440 y un cuarto de los rusos vive oficialmente debajo de la línea de la pobreza. Los ricos exhiben su riqueza en las nuevas boutiques, automóviles de lujo y restaurantes caros. Cerca de ocho años de crecimiento económico, con un promedio de 6.6%, han visto el desarrollo de una clase media relativamente próspera y ha impulsado el boom de consumo. El crédito de consumo ha crecido como hongos de cero hace unos años atrás a cerca de £40 billones actualmente.
Aunque algunos trabajadores especializados han mejorado sus condiciones de vida, el crecimiento económico es muy desigual, concentrado en Moscú, la región rica en petróleo de Liberia Occidental y las grandes ciudades. Sectores, principalmente de la juventud de clase media y profesionales, pueden tener algunas ilusiones en el capitalismo, pero esto esta asociado con la falsa perspectiva (o deseo desesperado) de un boom económico que nunca se acabe. En áreas rurales y las regiones industriales en deterioro, especialmente aquellas fuertemente subsidiadas en el pasado y en el extremo norte, la mayoría de los rusos sigue sufriendo privaciones miserables y muchos están en una pobreza desesperada. Muchos de los pobres, no son siquiera los desempleados, sino aquellos con sueldos bajos, obligados a jornadas de trabajo muy largas y a tomar varios trabajos para llegar a fin de mes. Cientos de miles de doctores, ingenieros, científicos, trabajadores sociales y otros debido a la miseria que paga el estado, a menudo abandonan sus trabajos. Las condiciones de vida de la mayoría se mantienen por debajo de las cifras de 1991.
Los sondeos de opinión muestran que muchos trabajadores mayores y jubilados desean volver atrás al viejo sistema soviético. Esto no indica nostalgia por el totalitarismo soviético, sino más bien apoyo a los beneficios de una economía nacionalizada planificada, un estado de bienestar, educación y cuidados de salud gratuitos, y un trabajo de por vida. Sin embargo, la comprensión de esta capa más vieja del socialismo, a menudo está ligada con nostalgia por el pasado. Es la nueva generación de trabajadores y jóvenes principalmente que serán obligados por las condiciones que deben enfrentar a entrar en lucha, y esto desarrollará una conciencia fresca. Ellos estarán menos influenciados por el equipaje estalinista del pasado y más abiertos al entendimiento del genuino marxismo revolucionario e internacionalista. Aunque este proceso será todavía más complejo y contradictorio que en los países más desarrollados, esta capa de la sociedad probará ser la más fructífera en construir un oposición socialista viable de masas.
Las grandes desigualdades sociales son manifiestas en la horrenda salud del país. El colapso del sistema de salud de la era soviética, y el aumento de la pobreza, provocaron la disminución dramática de la esperanza de vida. A menos de 59 años de vida, la esperanza de vida masculina colapsó a niveles comparables con África del sub-Sahara. El aumento del ratio de muerte es un reflejo de la profunda crisis social. El envenenamiento por alcohol mata 42.000 rusos por año. Las estadísticas de muerte por tabaquismo, enfermedades cardiacas, crímenes violentos y suicidio están entre los más altos del mundo.
Enfermedad de la pobreza, como Tuberculosis, están creciendo. Se estima oficialmente que alrededor de un millón de rusos esta infectado con SIDA aunque muchas organizaciones de salud dicen que las cifras del gobierno están groseramente subestimadas. Al igual que en África del Sur, se permitió que la crisis del SIDA en Rusia empeorara debido a la incompetencia de los funcionarios y la negativa del estado de reconocerlo como un problema serio. El presupuesto federal de 2006, fue de 3.3 billones de rublos (US$ 124 millones), lo que es diminuto comparado con otros estados.
La tasa de nacimientos permanece muy baja, parcialmente reflejando el pesimismo acerca del futuro. El país con 144 millones de habitantes está "perdiendo" cerca de 700.000 personas por años, lo que provocó que Putin advirtiera sobre la "muerte de la nación". En una maniobra populista, el presidente de Rusia anuncio, en 2006, que las mujeres que dieran a luz un segundo hijo recibirían una subvención de cerca de €8000 euros. Esto provocó un aumento inmediato en el número de abortos, ¡ya qué las mujeres embarazadas decidieron esperar que el subsidio fuese aprobado antes de tener otro niño!
Los profundos cambios demográficos y los niveles de emigración en aumento tienen amplios efectos. Rusia tiene más refugiados que toda Europa Occidental, debido a las oleadas, de ruso hablantes en su mayoría, que han abandonado las nuevas repúblicas independientes a comienzos y mediados de los 90. Millones de trabajadores empobrecidos de otros estados de la CEI también fueron a Rusia en busca de trabajo. Los patrones del sector de la construcción usan este suministro de mano de obra barata del Caucaso, Asia Central, y otras partes empobrecidas de la antigua Unión Soviética, para reducir los costos y atacar las condiciones de los trabajadores.
Bajos la segunda presidencia de Putin, el nacionalismo Ruso, el chovinismo y el racismo fueron avivados concientemente. Esto refleja las crecientes ambiciones imperialistas rusas y las tensiones cada vez más profundas entre Rusia y los EE.UU. y otras potencias imperialistas Occidentales. Además, las minorías nacionales y étnicas son usadas como chivo expiatorio para desviar la atención de las masas rusas de las razones reales de sus pobres condiciones de vida y el colapso de los servicios públicos. Junto a la reaparición del nacionalismo "Gran Ruso", la elite gobernante del Kremlin que está privada de cualquier rol o ideología progresista, recurre a aspectos y símbolos del gobierno Zarista y estalinista, incluido los años de la "Gran Guerra Patriótica" (Segunda Guerra Mundial), para tratar de mantener apoyo en la sociedad.
Como resultado, el racismo se incrementó. Una serie de atentados racistas con bombas en mercados en Moscú y otras ciudades, en su mayoría ocupados por Caucasianos, y un casi pogrom contra Caucasianos, en una localidad del norte de Rusia, en octubre de 2006, son solo algunos ejemplos. En 2006, incluso de acuerdo con las estadísticas oficiales, 39 extranjeros (incluidos niños) fueron asesinados en ataques de fascistas/skinhead. En Liberia y el "Extremo Este" de Rusia, donde la población se reduce más rápido que en cualquier otra parte del país, las tensiones aumentan entre la población local y trabajadores inmigrantes chinos.
Grupos racistas y de extrema derecha existen a lo largo de Rusia y, en años recientes, han aumentado en número y confianza. Pero ellos todavía son relativamente pequeños. La pasividad relativa de la mayoría de la clase trabajadora permite a la ultraderecha parecer más fuerte de lo que es realmente. La extrema derecha sacó apenas mil personas a las calles de Moscú en 4 de Noviembre de 2006, el "Día Nacional" no las decenas de miles con que amenazaron. Por supuesto la extrema derecha organizada y los skinhead siguen siendo una seria amenaza para las minorías y los socialistas. Al desarrollarse la lucha de clases, también se desarrollan movimientos de masas, con la clase trabajadora jugando el papel clave, que pueden contrarrestar con éxito grupos de extrema derecha y sus venenosas "ideas".
El Kremlin se presenta a si mismo públicamente como un bastión contra el "extremismo", pero en su definición un extremista es cualquiera que amenace su poder. Como resultado, la represión contra los reaccionarios "Nacional Bolcheviques" va a la par con la represión contra los socialistas y activistas sindicales.
Mientras trata de explotar el nacionalismo. Putin, también se ha visto forzado a frenar parcialmente las fuerzas racistas, nacionalistas que ha liberado, y se puede ver obligado a hacerlo nuevamente. El racismo puede escapar al control de la elite gobernante y los políticos, amenazando la estabilidad y la ganancia en la Rusia multiétnica.
El CIT en Rusia, condujo valerosas campañas contra el racismo y la extrema derecha, luchando por la unidad de los trabajadores. Este continuará siendo un aspecto importante del trabajo de la sección. Esto significa enfrentar, de una manera principista y hábil, los prejuicios y sentimientos racistas extendidos en la sociedad, incluso entre sectores de la clase trabajadora y de las clases medias. Desafortunadamente el bajo nivel de conciencia de clases y la falta de una respuesta socialista de masas al racismo y al nacionalismo, deja lugar para que florezcan las ideas reaccionarias, atrasadas. Mientras, el CIT continuará sus campañas anti fascistas con un claro programa socialista, también tiene que participar en campañas antifascistas más amplias en Rusia. Estas campañas incluyen muchos buenos activistas pero a veces también partidos de oposición burguesa, que defienden ideas "liberales" que no dan respuesta a todos los temores y problemas que enfrenta la clase trabajadora rusa. Una aproximación hábil en la presentación de nuestra alternativa es necesaria en estas circunstancias.
El sangriento conflicto en Chechenia es una fuente continua de desestabilización en el Caucaso. Moscú se vio obligado a una nueva Constitución, otorgando a Chechenia "más autonomía" dentro de la Federación Rusa, en 2003. Con un trasfondo de violencia e intimidación extendidas, tuvieron lugar elecciones parlamentarias en noviembre de 2005.
Moscú teme que si Chechenia se separa, esto podría provocar exigencias de independencia por todas partes en la región, que tiene docenas de nacionalidades, muchas de las cuales están en conflicto con vecinos o gobiernos centrales. La región es de una gran importancia geo política; una frontera entre Europa y Asia, que incluye el Mar Caspio, y un conducto para las exportaciones de petróleo.
El terror del ejército ruso ampliamente extendido, un movimiento separatista dividido y una población exhausta por la guerra, provocó el debilitamiento de la oposición armada en Chechenia, aunque los combatientes guerrilleros continúan montando ataques. Ramzan Kadyrov, un antiguo líder separatista, se transformó en el primer ministro respaldado por Moscú, en marzo de 2006. Se espera que pronto se convierta en presidente. Kadyrov gobierna Chechenia con la ayuda de su poderosa y brutal milicia, la "Kadyrovtsy".
Sin embargo, la política de grosera "Chechenización" del Kremlin fracasará en resolver la crisis. La oposición al gobierno ruso continuará en Chechenia como consecuencia de la ocupación rusa, la negación de los derechos nacionales y democráticos, la imposición de un brutal régimen títere Chechenio con muy poco apoyo, y el desempleo de masas y la pobreza. Con el ámbito de la actividad separatista reducido en Chechenia, sectores de los rebeldes llevaron sus ataques armados a las repúblicas rusas vecina s, incluidas Ingushetia, Dagestan y Kabardino-Balkaria. El episodio más notorio fue la toma del colegio de Beslan, en Osetia del Norte, pero raramente pasa un día sin un ataque a una estación de policía o a un convoy en algún lugar en la región.
Las atrocidades como las de Beslan horrorizan y alejan incluso al pueblo con cicatrices de guerra de Chechenia y el Norte del Caucaso. Sin embargo, mucho de la indignación es dirigida contra el Kremlin por su mal manejo de muchas crisis con rehenes, como contra los separatistas.
En parte para consumo internacional para justificar su "guerra contra el terror", el Kremlin exagera la influencia de los "Whabistas" en el Caucaso. Sin embargo, en ausencia de una clara alternativa de clase, el crecimiento de fuerzas reaccionarias, como el Islam político de derecha, se puede extender por la región.
La crisis chechena muestra como el capitalismo en la ex Unión Soviética es incapaz de resolver la cuestión nacional, que es mucho más compleja y potencialmente explosiva que la situación enfrentada por Lenin, Trotsky y los bolcheviques. Los crímenes históricos del Estalinismo contra minorías nacionales y naciones enteras se han agravado con la restauración capitalista. La ruptura de la Unión Soviética creó nuevos países que discriminaron contra minorías nacionales y étnicas. Las condiciones de pobreza y la falta de recursos causan tensiones entre diferentes grupos nacionales y étnicos, que cada vez más son utilizados por políticos de derecha y gobiernos (tanto domésticos como extranjeros), para reforzar su poder y distraer a la oposición de masa de sus políticas. Más que nunca, las disputas nacionales y étnicas encuentran eco a lo largo de la CEI, e incluso más allá, a menudo influenciándose unas a otras. Las conversaciones patrocinadas por la ONU sobre el futuro de la mayoría albanesa de Kosovo, que incluyen discusiones acerca de la posibilidad de "independencia" para la "provincia" Serbia, provocaron que la Osetia del Norte pro Rusa, en Georgia, declarara que también se "haría independiente" si se permitía que Kosovo lo fuera. Los serbios bosnios hacen ruidos similares.
Algunos resentimientos nacionales y étnicos se han apaciguado desde los años 90, pero ninguna de las líneas de ruptura se ha resuelto en lo fundamental, ni siquiera durante el desarrollo económico. En algunos casos, el crecimiento económico reciente en los antiguos estados estalinistas, más que disminuir las tensiones nacionales y étnicas ha empeorado la situación. En el Caucaso, el desarrollo del sector petrolero de Azerbaiján provocó un enorme aumento de los gastos de defensa "que hizo más difícil de resolver la disputa con Armenia sobre Nagorno-Karabaj", (International Crisis Group, noviembre de 2006) Asimismo, se espera que cuando Rumania se incorpore al "club Unión Europea", esto aumentará las tensiones dentro de Moldavia (que tiene fuertes lazos con Rumania); entre el estado central de Moldava y los separatistas pro-rusos de la región de Trans-Dniester.
En la CEI el CIT defiende una posición de clase sobre la cuestión nacional, incluyendo el apoyo a las aspiraciones genuinas de las naciones oprimidas y plenos derechos para las minorías, al tiempo que se opone al nacionalismo pequeño burgués, chovinista y reaccionario. Esto es un crudo contraste con la mayoría de los otros partidos de "izquierda" en la CEI. Los partidos comunistas y otros partidos de izquierda a menudo son animadores del nacionalismo chovinista y propugnan sentimientos anti inmigrantes y anti extranjeros.
El Partido Comunista Ruso presenta una combinación repugnante de nacionalismo Ruso, racismo y anti semitismo. EL CIT se opone a este veneno reaccionario y llama a la unidad de los trabajadores y a la lucha de masas.
Bajo Putin, el Kremlin centralizó el control político, recortando la autonomía e independencia de la Duma (parlamento nacional), el Consejo Federal (senado), y los gobiernos regionales y gobernadores. En noviembre de 2006, la Duma pro Kremlin, acordó abolir la elección de alcaldes en las grandes ciudades – los únicos funcionarios poderosos que todavía estaban fuera del control directo del Kremlin. Putin se basa en el ejercito y las fuerzas de seguridad (FSB – la antigua KGB) y cada vez más los servicios de seguridad están ejercitando sus músculos de una manera que probablemente incluso no era posible en los últimos años de gobierno estalinista. La centralización del poder, que Putin llama "poder vertical" fue un intentó para reinar sobre los elementos "salvajes" de capitalismo que florecieron bajo Yeltsin, para traer algo de "estabilidad y orden" al sistema como un todo (aunque el asesinato de figuras del mundo de los negocios, como el Vicepresidente del Banco Central, muestran que el capitalismo de estilo mafioso todavía abunda)
En los últimos años, el Kremlin dio pasos significativos para asegurar el control sobre la economía. Esto afectó, sobretodo, al sector del petróleo y gas. Rosneft y Gazprom no son unidades del ministerio de energía a la manera de la antigua economía planificada, pero están ligadas cercanamente con el estado ruso, que es propietario de 51% de Gazprom, y tiene vínculos políticos cercanos con el gobierno de Putin. Aunque una ley de 2006 permite a los extranjeros poseer acciones de Gazprom, la propiedad estatal de acciones ha aumentado a 51% para asegurar el control de este activo clave. El ámbito de Gazprom se extendió para poner bajo control al sector del petróleo. Esto a continuación de la sentencia de ocho años en una colonia penal en Liberia de Mijail Jodorkovsky, ex cabeza de la compañía petrolera Yukos, quién se había atrevido a tener demasiada influencia en política. El consecuente fraccionamiento de Yukos terminó en la absorción por parte de Gazprom de Rozneft, y en el establecimiento de este último como el principal actor del sector petrolero. Otros oligarcas se apuraron para conseguir un acomodo con el Kremlin. La dirección principal de Gazprom está encabezada por el antiguo empresario de San Petersburgo, y leal a Putin, Alexei Millar, mientras que su presidente es Dmitri Medvedev, cabeza de la administración de Putin.
Este proceso es calcado en otros sectores de la economía, seis de las industrias aeronáuticas rusas fueron fusionadas en un gran holding con propiedad estatal significativa. En los últimos cuatro años, la industria de defensa duplicó su participación en el mercado mundial hasta un 16.5%.
El periódico digital "Gazeta.ru", describe a la Rusia de Putin como un sistema "capitalista" autoritario. Aunque Rusia mantiene los adornos superficiales de una democracia parlamentaria burgués-liberal, en realidad, es un régimen burocrático capitalista, un estado represivo, con muchos elementos de bonapartismo.
Hay un número estimado de 1.300.000 burócratas en la "nueva" Rusia, de acuerdo con un equipo de especialistas de Moscú, funcionarios de estado en departamentos (Ministerios, Oficinas de impuestos, departamentos de vivienda, etc.) que usan sus cargos como una "oportunidad de negocios". Un ejemplo típico es el actual ministro de Recursos Naturales (e.g. petróleo) que tiene un ingreso oficial veinte veces mayores que Tony Blair.
En Rusia tienen lugar elecciones, pero todos los recursos del estado, incluyendo la inmensa burocracia estatal, son movilizados para asegurar la victoria del "Partido del Poder" en el momento. Los burócratas Regionales y locales son advertidos que serán exonerados si no aseguran una alta votación para el partido de Putin. La débil y dividida oposición neo-liberal es odiada por la mayoría de los rusos por su papel en los años 90. En general, su apoyo está restringido a una capa de inteligencia pro-Occidental en las grandes ciudades. El cada vez más difunto Partido Comunista Ruso encuentra difícil oponerse a Putin, porque los elementos más significativos del programa del PC – proteccionismo económico, fortalecimiento del estado ruso, y hacer valer la posición de Rusia en el extranjero – son llevadas adelante por el régimen.
Para asegurar que la oposición vote dividida en las elecciones, se crearon falsos "partidos de oposición", como el Rodino (Partido de la Patria) Si estos "partidos" hacen criticas serias a Putin, el Kremlin actúa rápidamente para reorganizarlos. En 2006, Rodino fue fusionado con los "Partidos de la vida y los jubilados" para formar el "Partido de las Justicia". Este se presenta como la versión de izquierda del partido de Rusia Unida de Putin y los nuevos líderes del Partido de la Justicia rápidamente subrayaron su apoyo a Putin. El derecho de los independientes de participar en las elecciones fue abolido en y los partidos más pequeños encuentran prácticamente imposible presentarse a las elecciones. Desde 1991, el parlamentarismo burgués-liberal no ha jugado ningún tipo de papel progresivo; una acusación sonora del carácter de la Rusia capitalista.
Los medios de comunicación ahora son principalmente pro-gubernamentales y controlados cuidadosamente, con el poder judicial. Nuevas leyes del gobierno hicieron imposible que centenares de ONG se registraran nuevamente en 2006. El régimen también usa tetrodos "extra parlamentarios" contra la oposición. En años recientes decenas de periodistas locales fueron asesinados a lo largo de Rusia, incluida la conocida periodista de investigación, Anna Politkovskaya, en 2006. Una ley de la Duma, adoptada en 2006, incluso llegó tan lejos como para permitir asesinatos extra-judiciales en el extranjero de individuos acusados por Moscú de "extremismo". A esto siguió el asesinato de alto nivel del exigente de la KGB, Alexander Litvinenko, que era cercano a un oligarca anti Putin, y el envenenamiento del ex primer ministro ruso y opositor neo liberal, Yegor Gaidar.
El crecimiento económico, el extendido odio por los políticos neo-liberales y la ausencia de una alternativa socialista de masas, dio espacio a Putin para hacer retroceder los derechos democráticos y otros. A pesar de la posición autoritaria del régimen, un sector de la clase media acomodada dio la bienvenida a la estabilidad y prosperidad comparativa que trajeron los años de Putin. Pero el presidente descansa en una capa social relativamente delgada en la sociedad. Un sondeo mostró que el partido Rusia Unida de Putin recibe el 55% del apoyo de la clase media, contra un 48% en el resto de la población. El apoyo al llamado Partido Comunista en la clase media era solo de 8.5% contra el 22%. Y el apoyo al partido Yabloko neo-liberal, era apenas de 5% en la clase media y 3% en el resto. Significativamente, estas cifras muestran que casi la mitad de la población no apoya a Putin, a pesar de la falta de una oposición viable.
A medida que trabajadores, jóvenes y estudiantes choquen con el gobierno de Putin, probablemente al principio en torno a cuestiones económicas y sociales (aunque puede ser sobre derechos democráticos y otros) también se verán obligados a luchar contra las leyes represivas del estado y los aparatos. Las clases medias también se verán forzadas a participar de las luchas y la oposición, especialmente cuando la economía empeore. Esto puede ser en torno a asuntos amplios, tales como el terrible estado de la infraestructura del estado, y la erosión de la libertad de los medios de comunicación y política.
Las protestas de los jubilados a comienzos de 2005 empezaron a dejar en evidencia de la fachada del gobierno y la Duma "unido" y "fuerte". Una vez que termine el boom del petróleo, la diferentes fracciones políticas lucharan más abiertamente. Por el momento, Putin ha prometido que no cambiará las reglas para presentarse para otro periodo en 2008. Incluso sin grandes cambios económicos, los intentos de Putin de designar un sucesor o los esfuerzos para permanecer el mismo en el poder, pueden provocar una lucha política entre la elite y los oligarcas, con tanto interés material en juego.
Otros acontecimientos pueden gatillar una crisis política más amplia, desorden y oposición al régimen. La muerte de docenas de marinos en el desastre del submarino nuclear Kursk, la toma del teatro de Moscú, y la tragedia de Beslan, todos mostraron una furia muy extendida dirigida contra Putin, y una avalancha de enojo y profunda angustia por el tipo de sociedad bárbara creada por el capitalismo.
Las reformas legislativas de Putin del Código Laboral (que facilita el despido de los trabajadores por los patrones) y del Código Agrícola (permitiendo el "libre comercio" y la herencia de la tierra agrícola) fueron grandes ataques a los derechos y condiciones de vida de los trabajadores urbanos y rurales rusos, provocando una amplia oposición y protestas. A comienzos de 2005, protestas espontáneas de los jubilados contra los ataques draconianos a las condiciones de vida se extendieron rápidamente a lo ancho de Rusia, tomando por sorpresa a Putin y a los principales partidos, incluido el partido comunista, que rápidamente trató de "conducir" el movimiento. También hubo protestas por los alquileres, protestas estudiantiles contra la subida de aranceles y protestas de chóferes por cuenta propia.
Aunque hay mucha evidencia anecdótica de un aumento en el número de las protestas (huelgas, manifestaciones, y huelgas de hambre), especialmente en ciudades y pueblos en Liberia y en el extremo oriente, los conflictos industriales tienden a ser aislados. Las luchas de masas están severamente dificultadas por la falta de sindicatos fuertes e independientes y dirección política de la clase trabajadora. Este es el factor clave en el desarrollo de protestas de masas "espontáneas". Las luchas de los trabajadores en Rusia siguen a un nivel bajo, y la clase trabajadora, como una fuerza independiente conciente políticamente, todavía no ha hecho su marca decisiva en la sociedad.
Sin embargo, esto cambiará. Hay señales que los trabajadores industriales están haciéndose más organizados y combativos. Los trabajadores en una de las fábricas en la ciudad de Togallati, el centro de la industria del automóvil, establecieron recientemente un sindicato independiente y los trabajadores en la industria crucial del petróleo y el gas también se están organizando más. Los trabajadores del sector público, en particular los profesores y trabajadores de la salud, están entre los sectores más involucrados en acciones de protesta. Pero en la actualidad están organizados en los antiguos sindicatos estatales, cuyos dirigentes impiden el desarrollo de acción independiente. Los miembros del CIT en Rusia participaron en muchas protestas sociales e industriales y, en algunos casos, jugaron un papel clave.
El CIT en Rusia, y en toda la antigua Unión Soviética, debe continuar haciendo campaña por la creación de sindicatos genuinos, independientes y por partidos de trabajadores de masas. Los sindicatos existentes son relativamente pequeños y débiles. Muchos de los actuales dirigentes sindicales son corruptos y oportunistas. Este es un legado de décadas de gobierno represivo estalinista y la extendida confusión ideológica como consecuencia de la reintroducción del capitalismo. También se debe a la ausencia de una corriente marxista sustancial entre la clase trabajadora. Sin embargo, el alza en la economía rusa, que ha creado mejores trabajos y mejores condiciones de vida para una parte de la clase trabajadora calificada, muestra signos de aumento en la confianza de una capa importante de trabajadores y jóvenes. Grandes acontecimientos, en Rusia y globalmente, y la incapacidad del capitalismo rusos en expansión, de mejorar las condiciones de vida de la mayoría, llevarán a más trabajadores a sacar conclusiones de largo plazo y a prepararse para entrar en las luchas. Esto se aplica especialmente ara la nueva generación que no está desmoralizada por los eventos traumáticos de los últimos quince años.
Previamente, el CIT en la CEI trabajó en algunos partidos comunistas y otros partidos de "izquierda", tales como el "Partido Socialista" en Ucrania, y el Partido Comunista de Kazajtan. Este fue un trabajo fructífero y atrajo importantes nuevos trabajadores y jóvenes a nuestras filas. No obstante, las direcciones de esos partido se movieron aún más hacia la derecha, hicieron suyas completamente la economía de mercado, situándose completamente junto a uno u otro bloque de oligarcas, a menudo empleando ideología populista nacionalista e incluso racista. Los trabajadores y jóvenes, más activos y avanzados, dejaron esos partidos. Durante varios años, el CIT condujo principalmente trabajo independiente, mientras defendía la necesidad de nuevos partido de trabajadores de masas. En el futuro inmediato será necesario desarrollar este enfoque. Algunas veces será necesario tomar iniciativas dentro y alrededor de algunos partidos nacionales, incluidas escisiones de izquierda y de jóvenes. Una fracción del PC Ucraniano, llamado "Che Guevara" (aparentemente financiado por la embajada cubana) parece involucrar una juventud genuina y atraer una periferia más amplia.
Mientras el giro hacia gobiernos más autoritarios continúa en varios de los países claves de la región, el CIT, sin dudar discutirá la realización de más alianzas tácticas de corto plazo con algunas fuerzas de oposición sobre derechos democráticos y contra la represión. Estas actividades generalmente envuelven organizaciones de estudiantes y jóvenes, ONG y también partidos de oposición "liberal" burgueses. Por supuesto, todas estas actividades necesitan ser consideradas cuidadosamente de manera que nuestra posición de clase independiente no se vea comprometida de ningún modo.
La creciente importancia geo-política de Rusia descansa en su riqueza de petróleo y gas y el poder de los gigantes de la energía Gazprom y Rosneft. Gazprom provee un cuarto del gas de Europa y es el mayor productor mundial. La compañía también mira hacia los mercados de EE.UU., China y Japón. Dos gigantescos gaseoductos hacia China están en construcción por Gazprom.
Las relaciones entre Rusia y otros antiguos estados de la Unión Soviética están inextricablemente ligados a cuestiones de suministro de energía. , el control de los cuales es una herramienta clave de las políticas regionales e internacionales de Rusia.
Los poderes europeos se inquietan por la creciente influencia de Rusia sobre la energía en la región, especialmente después que Gazprom y Putin anunciaron que no se permitiría que compañías extranjeras participaran en el desarrollo de las enormes reservas energéticas en Shtokman en Rusia – un golpe para las compañías de EE.UU. y Europa que estaban tratando de introducirse en el sector de la energía ruso. Mientras defiende fieramente su mercado local, Gazprom se expande en Europa formando empresas conjuntas con compañías alemanas, austriacas, italianas y finlandesas. Gazprom aumentó su participación en América Latina firmando un convenio con el presidente de Bolivia Evo Morales, e invirtiendo en Venezuela.
Muchos gobiernos europeos están ansiosos de reducir su dependencia del gas ruso (25% de su gas) y el imperialismo norteamericano está deseosos de desarrollar un acceso alternativo a recursos energéticos. Pero no hay una sola posición sobre esto. Alemania, que es el mayor socio comercial de Rusia, y que adquiere más gas de Rusia que ningún otro país, acordó un gaseoducto directo de Rusia a Alemania. El país germano fue duramente criticado por hacer tratos "unilaterales" de energía con Rusia, antes que presentar un "frente unido de la UE". El gobierno derechista polaco, está particularmente enojado por el gaseoducto germano-ruso que evitará Polonia. La administración de Varsovia llamó a la Unión Europea y a la OTAN a jugar un papel más importante en la "seguridad energética" para "proteger" países dependientes de Rusia para la energía.
Georgia
Las relaciones rusas con los antiguos estados soviéticos están cargados de problemas, mientras el capitalismo ruso trata de asegurar su poder e influencia en la región. Durante los años 90, Rusia otorgó a otros estados ex soviéticos precios de energía rebajados. En 2005 Moscú comenzó a cambiar a precios de mercado.
Los estado bálticos (Lituania, Estonia y Latvia), son "islas energéticas", completamente dependientes del petróleo y el gas ruso. La discriminación contra las minorías étnicas rusas en Estonia y Latvia provocan fricción entre los dos estados y Rusia y hay disputas no resueltas sobre las fronteras.
Rusia desea apretar su puño sobre la importante ruta de tránsito de energía en Bielorrusia. En este contexto, Putin desairó el sueño del régimen de Bielorrusia de una "unión de iguales" entre los dos estados. Las disputas de energía también se agudizaron con Moldavia, uno de los países más pobres de Europa. Rusia prohibió la importación de vinos moldavos y georgianos en 2005, en represalia por el giro pro-occidental de ambos países. Aunque Rusia levantó su prohibición sobre los productos Moldavos en una reunión de la CEI (noviembre de 2006), para ayudarse a alcanzar su vieja meta de ingresar como miembro a la OMC, las disputas entre los dos países permanecen. La zona de Traes-Dniester de Moldavia, fundamentalmente de habla rusa y ucraniana, que reafirmó la "independencia" y planes para "unirse a Rusia", en un referéndum en septiembre de 2006, es una fuente continua de inestabilidad y tensión.
Las tensiones entre Rusia y Ucrania aumentaron después de la elección del pro OTAN y pro-EE.UU. Victor Yushchenko como presidente, en diciembre de 2004, después de la "revolución naranja". Esto culminó en una disputa sobre los precios del gas, con Rusia cortando el suministro a Ucrania en enero de 2006.
Las relaciones entre Rusia y Georgia son todavía más explosivas, reproduciendo la hostilidad de Moscú al gobierno pro-OTAN y pro-EE.UU. del presidente Mijail Saakashvili que llegó al poder en la "revolución rosa" en 2003. Esto mostró un régimen dependiente del apoyo de Washington y abiertamente expandiendo la influencia de EE.UU. en el Caucaso y en el mar Caspio.
La agresiva política del Kremlin hacia sus vecinos fue demostrada crudamente por la expulsión masiva de Georgianos de Rusia, y otras medidas, en represalia por el arresto de cuatro oficiales en Georgia bajo cargos de espionaje, en octubre de 2006. Disputas de vieja data entre los dos países, incluidas las que hay sobre regiones secesionistas pro-rusas, Abjasia y Osetia del Sur, donde hay fuerzas armadas rusas, puede estallar en un conflicto armado. Con enorme ayuda de EE.UU., Georgia tiene el presupuesto militar de más rápido crecimiento en el mundo e incrementó su presencia militar en Abjasia. Osetia del Sur y Abjasia llamaron a Rusia para que reconociera sus planes de "independencia", mientras Moscú reforzó sus presencia militar en sus fronteras de los mares Caspio y Negro y aumentó sus fuerzas navales en el Mar Negro.
El "Gran Juego" de rivalidad ínter imperialista del siglo XIX, en el Caucaso y Asia Central, encuentra eco en las actuales luchas de poder por el acceso y control de los preciosos recursos de combustibles, territorio e influencia. Desde la llegada al poder, Putin se refiere regularmente a Rusia como la "derzhava" o superpotencia que alguna vez fue, y que él quiere ver levantarse nuevamente. La administración Bus es cada vez más hostil al régimen de Putin y ve con alarma como Rusia, estimulada por los grandes ingresos petroleros, es más enérgica en toda la región Euroasiática.
Putin chocó con los EE.UU. sobre la guerra de Irak, la guerra de Israel en el Líbano, y sobre la política general occidental en el medio oriente, donde Rusia tradicionalmente tiene vínculos con regímenes en la región. Rusia también pretende limitar las sanciones contra Corea del Norte e Irán, con quien tiene importante comercio. Rusia, China e Irán se han acercado, con el principio de una alianza triangular basada en el petróleo y la colaboración estratégica. Aunque Rusia considera a China como un competidor a largo plazo, los dos países actualmente están cooperando a un nivel sin precedente. Son parte de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), una alianza de seguridad regional, que también incluye a Kazajstán, Kirgizstan, Tajikistan y Uzbekistán, para actuar como contrapeso de la influencia de EE.UU. en la región. En 2005, la SCO exigió la retirada de las tropas de EE.UU. de Asia Central.
Sintiéndose confiado con la ciénaga de Bus en Irak, Putin se movió para contrarrestar la influencia de EE.UU. en Asia Central. Bases militares rusas fueron establecidas en Kirgizstan, en 2003, y en Tajikistan, en 2004. En noviembre 2005, Rusia y Uzbekistán firmaron un tratado para una cooperación militar mucho más estrecha. El parlamento Uzbeco votó, en 2005, para que los EE.UU. abandonaran su base militar en el sur del país, Kirgizstan también puede echar a los EE.UU. de su base área de Manas (tanto los EE.UU. como Rusia tienen bases militares en toda Asia Central, solo a treinta kilómetros de distancia) Estos son grandes retrocesos para la política de EE.UU. en la región, ya que uno de los objetivos claves de la administración Bus era establecer bases militares a través de Asia Central. Sin embargo, esto no representa un estado definitivo de relaciones en la región, donde los regímenes locales juegan con las potencias unas contra otras.
En el flaco europeo de Rusia, los EE.UU. y otras potencias occidentales aumentaron su influencia incorporando a los estados bálticos (Lituania, Latvia y Estonia) dentro de la OTAN y la UE en 2004. El Kremlin se enfureció con las llamadas "revoluciones de color", que son consideradas intentos inspirados por EE.UU. para hacer retroceder la influencia y el poder de Rusia y rodearla con bases militares de EE.UU. y estados miembros de la OTAN. Ahora, sin embargo, Rusia está en una posición más fuerte en la región, especialmente en lo que concierne a Ucrania.
El optimismo de los muchos cientos de participantes en las "revoluciones de color" en Georgia, Ucrania y Kirgizstan rápidamente se trocó en desilusión e incluso ira, a medida que las masas vieron que nada fundamental cambiaba. Esta es una notable reivindicación de la posición del CIT. Mientras muchos otros en la "izquierda" en esos países giró de tras de un campo burgués u otro durante estos acontecimientos, o quedaron totalmente confundidos, el CIT mantuvo una posición de principista, de clase.
Los EE.UU. apoyaron activamente la "Revolución Naranja" en Ucrania, del mismo modo que previamente apoyaron la "Revolución Rosa" en Georgia, y la revuelta popular contra el brutal régimen serbio de Slobodan Milosevic. En los tres casos, los EE.UU. querían ver que llegaran al poder regímenes más claramente pro-occidentales. Las potencias imperialistas y las clases dirigentes locales manipularon cínicamente el estado de ánimo genuinamente pro-democrático y las reivindicaciones de las masas por mejores condiciones de vida. Aunque las protestas de masas incluían elementos reaccionarios y sectores de las clases medias, también involucraban trabajadores que buscaban una salida. Los manifestantes en las manifestaciones de masas eran política e ideológicamente confusos e ingenuos, con muchos que creían que un simple cambio a un régimen capitalista más "liberal", y el ingreso a la UE, transformarían sus vidas. Dada las experiencias de las masas de los últimos quince años, y la falta de un alternativa socialista, este nivel de conciencia era de esperar. Las revoluciones de color representaron, entre otras cosas, una etapa en el desarrollo de la conciencia de las masas.
Los dirigentes de la oposición "democrática" atizaron peligrosamente explosivos agravios nacionalistas y étnicos para adelantar sus objetivos. Las fuerzas enfrentadas del bloque pro-occidental de Yuschenko y el bloque pro-ruso de Yanucovich encendieron el nacionalismo ucraniano y ruso étnico en 2004 y 2005. Esto amenazó con poner en peligro a toda Ucrania, pero instintivamente la clase trabajadora resistió estos intentos groseros de dividir y reinar.
Al principio, los EE.UU. y otras potencias occidentales fueron cautelosas respecto a los movimientos de protesta en Kirgizstan, la "revolución del tulipán", que parecía venir de ninguna parte. De hecho, fue alimentada por la indignación de los trabajadores con la pobreza, la corrupción y los intentos de fraude electoral. Desafortunadamente, los trabajadores no tuvieron organizaciones independientes de masas de trabajadores para conducir sus luchas más allá del derrocamiento del corrupto y brutal régimen de Akayev. Una vez instalado el nuevo régimen, los EE.UU. se apresuraron a ganar influencia y asegurar un régimen pro-EE.UU. y pro-mercado.
Los regímenes neo-liberales pro-occidentales que llegaron al poder sobre las espaldas de esos movimientos populares pronto revelaron que no representaban los intereses de los trabajadores. Las masas aprendieron que tendrían que luchar nuevamente para mantener y extender los derechos democráticos y por mejores condiciones de vida.
Todos los países de las "revoluciones de color" siguen en una profunda crisis económica, social y política. Los nuevos dirigentes acuden a menudo al nacionalismo y la represión. El presidente de Georgia Saakashvili anima el chovinismo georgiano contra Rusia, mientras la economía continúa deslizándose y su apoyo cae. Kirgizstan fue golpeado por violentos enfrentamientos en su capital, Bishkek, en noviembre de 2006, cuando los partidarios de la oposición atacaron al presidente Kurmanbek Bakiev por su fracaso para disminuir la corrupción, el crimen organizado y reformar la constitución. Después de ocho días de protestas masivas fue obligado a reducir sus poderes. Como todos los países de Asia Central, Kirgizstan es un estado multiétnico y tiene fuertes divisiones geográficas y de clanes. Esto es ilustrado por fuertes tensiones entre apoyo del sur a Bakiev y el apoyo del norte al primer ministro Felix Kulov. Mientras crece el levantamiento popular contra el gobierno de Bishkek, puede tomar un peligroso curso étnico, a menos que se desarrolle una fuerte alternativa de clase. Sin embargo, los trabajadores y jóvenes más avanzados están comenzando a ver más allá de los partidos contendientes y a oponerse en la política basada en lo étnico, lo que es indicado por un pequeño sindicato de ferrocarriles, cuyos dirigentes discuten con el CIT, con el objetivo de levantar un nuevo partido "de trabajadores". Donde el CIT tiene influencia puede acelerar el proceso de crear partidos que reflejen genuinamente los intereses y las necesidades de la clase trabajadora.
El optimismo que siguió a la revolución Naranja se esfumó para la mayoría de los ucranianos. Cuando Víctor Yuschenko llegó al poder en 2004, sostuvo que tenía un mandato para desmantelar el régimen corrupto, pro ruso, de su antecesor, Leonid Kuchma, y para la rápida integración con Occidente, para transformar las condiciones de vida. Pero el crecimiento económico se hizo más lento y los precios subieron. Yuschenko prometió luchar contra la corrupción de la política y la gran empresa, pero ahora enfrenta acusaciones de favorecer a sus compinches. Después de 18 meses de riñas y divisiones entre los principales bloques parlamentarios burgueses, el Partido de las Regiones de Víctor Yanukovich obtuvo el más alto resultado en las elecciones parlamentarias de marzo de 2006. Yuschenko aprobó a su antiguo duro adversario, Víctor Yanukovich, como primer ministro. Los jerarcas de la era de Kuchma son más enérgicos. A pesar de las calidas señales de las potencias occidentales en la época del movimiento Naranja, la entrada de Ucrania en la UE ahora está oficialmente rechazada, al menos durante años, y los EE.UU. abandonaron sus esperanzas de un pronto ingreso de Ucrania a la OTAN. Esto tranquilizó a Rusia, que utilizó los altos precios mundiales de la energía para tratar de mantener a Ucrania en línea.
A pesar del acuerdo conjunto del Partido de las Regiones y Nuestra Ucrania de Yuschenko y Yanukovich, en el gobierno de "amplia coalición", la administración gobernante todavía está cargada de crisis política potencial y es altamente improbable que se mantenga junta por un periodo completo. En diciembre de 2006, el parlamento Ucraniano despidió a los ministros de exterior e interior, aliados claves del presidente Yuschenko, como resultado de la creciente tensión entre Yuschenko y Yanukovich. Estas querellas reflejan la crisis económica y política, y las enormes ganancias materiales que pueden ser ganadas por cualquiera de los bloques políticos de los oligarcas que formen gobierno.
La energía es el problema más grande del gobierno. El precio del gas importado de Rusia saltó cerca del 50% en enero de 2006, y se espera una subida de precio similar en 2007. Hasta ahora la economía se aclimató al golpe debido a las fuertes exportaciones y consumo doméstico, impulsado por el gran aumento del crédito de consumo (aumento en 75% en 2006). La inversión extranjera se disparó desde 2004, pero está lejos de alcanzar los niveles de Europa Central. La inflación permanece alta. Una recesión económica mundial dejará a Ucrania muy vulnerable.
El presidente Yuschenko y el Primer Ministro Yanukovich pueden discutir sobre muchas cosas, ero ambos están de acuerdo en que la economía de mercado es "la cosa más importante" y que "la incorporación de las grandes empresas es vital". La mayor parte de la inversión extranjera directa está comprendida en los US$4.8 billones por la privatización de Kryvorizhtal, el complejo industrial del acero, en 2005.
El estado de ánimo actual de desilusión e incluso resignación entre grandes sectores de los trabajadores en Ucrania cambiará a oposición activa a la elite gobernante. Las masas en el oeste del país se movilizaron y conquistaron libertades democráticas en 2004. Ellas ya no tienen el mismo temor a las autoridades. En el este del país, la clase trabajadora, incluidos sus batallones pesados como los mineros del Bajo del Don, comprenderán como Yanukovich y otros políticos juegan con los temores de los rusos étnicos, para escalar al poder y poner en práctica políticas contra la clase trabajadora.
Pero si una fuerte alternativa de clase no es desarrollada, los movimientos de oposición pueden tomar caminos nacionalistas o étnicos, alentados por políticos capitalistas. Esto amenazaría lanzar a los trabajadores de habla ucraniana y a los de habla rusa unos contra otros. Esto sería un inmenso desastre para la clase trabajadora de Ucrania y tendría grandes consecuencias regionales. Es vital que las fuerzas del marxismo sean desarrolladas en Ucrania. Esto implica hacer campaña por la unidad de los trabajadores, plenos derechos para las minorías nacionales, y el establecimiento de un partido de trabajadores de masas que pueda romper la contención de los diferentes partidos gobernantes.
Otros intentos de "revoluciones de color", en Azerbaiján, y los países de Asia Central, fracasaron en obtener apoyo significativo de Occidente. Un movimiento de oposición conducido por burgueses "liberales", fracasó en despegar durante las elecciones parlamentarias en Kazajstán, encontrando poco apoyo de Washington o de la clase trabajadora en Kazajstán. Los EE.UU. están satisfechos de apoyar al régimen autoritario, rico en petróleo de Azerbaiján, y a su aliado despótico y excéntrico en Uzbekistan. Demasiado para la charla de "expansión de la democracia" de la administración de Bush, a lo ancho de Asia Central, empezando con la ocupación de Afganistán.
Debajo de la carga de los aparatos estatales represivos, las masas de Asia Central hierven en descontento. Turkmenistán posee la quinta reserva mundial de gas natural y depósitos sustanciales de petróleo, aún así su pueblo está empobrecido y no hay verdadera oposición al gobierno. En Tayikistán, el presidente Rajmonov fue reelecto por un tercer periodo, a fines de 2006, en elecciones fraudulentas. Uzbekistán es el país más populoso de Asia Central y rico en recursos naturales, a pesar de ello la pobreza y el desempleo son desenfrenados. Tiene las fuerzas armadas más grandes de la región y la tortura es utilizada sistemáticamente. Centenares fueron los asesinados por las tropas en el área de Andizan, en mayo de 2005, después que abrieron fuego sobre protestas de masas contra el encarcelamiento de gente acusada de "extremismo islámico". Las autoridades uzbekas trataron de presentar la revuelta popular como un intento de formar un califato musulmán en Asia Central y llevó a cabo farsas de juicio contra los "organizadores de las protestas". A pesar de la represión contra las organizaciones islámicas en la región, sin una alternativa socialista, el Islam político puede crecer a lo ancho de Asia Central.
En los últimos años, el presidente de Kazajstán, Nursultan Abish-uly Nazarbayev, concentró extensos poderes en sus manos a un nivel incluso superior que Putin. En diciembre de 2005, Nazarbayev ganó otros siete años en el puesto, en elecciones fraudulentas que le otorgaron más del 90% de los sufragios. Y como saben muy bien los camaradas del CIT en Kazajstán Nazarbayev intenta suprimir la verdadera oposición a su gobierno.
El régimen descansa en la represión pero también en el boom del petróleo y el gas. La economía creció 9.4% en 2005. En los pasados 8 años, el crecimiento económico medido en términos de producto interior bruto creció a un asombroso 84%. Pero seta riqueza no "chorreó hacia abajo". A fines del 2005, el desempleo era superior a 8% y el salario medio mensual era de alrededor de 34.000 tenge (US4260). La pobreza esta ampliamente extendida y la inflación es alta. La polarización social empeora, con un grupo de personas de elite haciéndose muy ricos mediante las privatizaciones y tratos económicos corruptos. La adicción a las drogas y los casos de SIDA/HIV están aumentando. Kazajstán también sufre de algunos de los peores problemas medioambientales de los estados post-estalinistas, incluido el terrible legado de las pruebas nucleares y vertederos de basura tóxica.
Las desigualdades sociales y la falta de recursos causan tensiones étnicas en un vasto país de dimensiones como Europa Occidental, donde los Kazajos constituyen la mitad de la población, los rusos un cuarto y las minorías más pequeñas constituyen el resto. Después de décadas de dominación de Moscú, los rusos étnicos ahora se sienten discriminados y resienten la falta de doble ciudadanía. Históricamente, los kazajos y las minorías étnicas eran más pobres y más desaventajados, y esta herencia persiste para muchos.
La oposición burguesa a Nazarbayev es débil y encuentra poco apoyo de Occidente, que está dispuesto a tratar con Nazarbayev y necesita los preciosos recursos del país. Pero importantes luchas sociales y de trabajadores tuvieron lugar en los últimos años, en las cuales los camaradas del CIT a menudo jugaron un papel importante. La huelga de 25.000 mineros, cerca de Karaganda, en octubre de 2006, fue una lucha "no legal" por salarios decentes y condiciones de salud y seguridad, que estalló después que murieron 40 mineros. Los líderes sindicales "oficiales", al principio se posicionaron junto a los huelguistas, luego "negociaron" un mal acuerdo. Esto dio lecciones vitales a los trabajadores de Kazajstán; respecto a la necesidad de construir genuinos sindicatos de lucha bajo su control democrático. La lucha de masas de los residentes de Shanyrak, en Alma-Ata, una resistencia desesperada cuerpo a cuerpo a brutales ataques policíacos, es un ejemplo del tipo de erupciones sociales que pueden estallar.
Estos acontecimientos muestran la relevancia del llamado del CIT en Kazajstán por un nuevo partido de masas de la clase trabajadora para unir a todos los activistas involucrados en luchas sociales y laborales. El valiente trabajo del CIT, y el alto perfil nacional de camaradas individuales, significan que el CIT es conocido por muchos trabajadores y jóvenes a través de Kazajstán. El CIT trabaja consistentemente con la población de habla Kazaka, lo que traerá grandes beneficios a la sección. La construcción de un fuerte CIT, en uno de los países más populosos e importantes económicamente en Asia Central, ayudará enormemente al CIT a crecer a en toda de la región.
Durante aproximadamente los últimos quince años, el CIT en la CEI enfrentó una situación objetiva muy difícil, en un terreno sin precedentes para los marxistas. Sin embargo, el CIT está desarrollando una nueva generación de socialista, y ganó nueva autoridad mediante su participación en las luchas claves de los últimos años. El CIT crecerá, incluso a pasos agigantados, cuando las grandes luchas de clases y sociales exploten en toda la CEI, y la clase trabajadora comience a volver a las tradiciones inmortales de octubre.